Pandeminio
La casa no me protege: me devuelve al estado previo a la forma. Detenida en su descomposición, vibra entre lo que aún resiste y lo que ya se fue. No cae, pero no vive. Sus muros secos, sus papeles vencidos, son materia emocional fósil. Allí no registro: me expongo. No documento: me fundo. El espacio deja de ser fondo y se vuelve cuerpo extendido. Construyo con cañas secas. Recojo restos del entorno y levantó estructuras que no sirven: jaulas frágiles, prótesis que no sanan, geometrías que limitan. Como mi piel, las cañas están en tránsito hacia el polvo. Me ato a ellas no por castigo, sino para hacer visible el encierro que no se ve: el que habita en la mente, en el deseo, en la forma de estar en el mundo. Me amarro al límite como quien se afirma en el borde. Esta serie es una búsqueda de pandemonio posible. No como infierno, sino como forma de ordenar el caos. Un espacio interior que admite la sombra, lo abyecto, lo que duele y no encaja. No se trata de volver al hogar, sino de inventar un lugar donde el cuerpo pueda resistir sin forma. Donde la ruina no sea final, sino materia de aparición.
2025